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🇮🇷PROTESTAS DE IRÁN: LAS LLAMAS BAJO LAS CENIZAS
Los manifestantes iraníes se levantan como fuegos lentos, llevados años en proceso, alimentados por capas de dolor silencioso. Estudiantes, comerciantes, madres, trabajadores, no están persiguiendo titulares, intentan respirar.
Esta última ronda de protestas puede resultar familiar para el mundo exterior, pero el tono ha cambiado. Los cánticos llevan menos esperanza y más fatiga, el cansancio rompiendo su silencio.
Lo que alimenta estos levantamientos no es la influencia extranjera, como insiste Teherán. Es la vida; Vida diaria, dura y vigilada. Los salarios no siguen el ritmo de la inflación. Los empleos desaparecen mientras los títulos se acumulan. El habla, la ropa y el movimiento son vigilados, a veces de forma violenta. Incluso los espacios privados se sienten ocupados.
Las calles de Irán están llenas de ciudadanos pidiendo espacio. Espacio para vivir, para trabajar, para pensar, para respirar sin miedo. Sus demandas son básicas: dejad de castigarnos por existir. Vamos a caminar sin código de vestimenta. Hablemos sin guion. Vivamos sin vergüenza ni sospecha.
La respuesta del régimen siempre es la misma: represión disfrazada de orden. Cada protesta se convierte en una conspiración, cada súplica en un complot extranjero. Los medios estatales señalan con el dedo hacia afuera, nunca hacia dentro. Esa desviación da tiempo, no legitimidad.
En el fondo hay un choque que ninguna cantidad de fuerza puede resolver. Los manifestantes buscan dignidad. El Estado busca la obediencia. Ambos hablan de "protección", pero un lado significa protección contra el hambre y la humillación. La otra significa la protección de la ideología a toda costa.
La preocupación de Washington hace ruido en el extranjero, pero su impacto es confuso. Los funcionarios estadounidenses hablan de derechos humanos. Teherán escucha sabotaje. Los manifestantes escuchan ambas cosas y no confían en ninguno. Al fin y al cabo, la simpatía estadounidense no paga alquiler ni detiene balas. Y cada declaración extranjera se convierte en otra excusa para que el régimen reprime.
Pero la verdadera amenaza de Irán no está en el extranjero. Está dentro. La negativa a cambiar, a escuchar, a evolucionar, eso es lo que mantiene el malestar en repetición. Puedes sacar a la gente de la calle, pero no puedes vencer la memoria. Cada represión siembra la semilla de la próxima protesta.
Fuente: Eurasian Review
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