Creo que cuanto más te impulses con cualquier tipo de recompensa terrenal (e incluso algunos objetivos aparentemente nobles pueden reducirse a recompensas terrenales), más te verás obligado a sufrir un proceso de poda posterior donde la irrealidad de estas recompensas se revela y se tiene en cuenta. Pero el dolor de esa revelación posterior es mayor que la alegría de la adquisición inicial, según un múltiplo que es potencialmente ilimitado y que nos cuesta comprender de antemano. Sospecho que la idea del Infierno como "ardiente" puede tener algo que ver con esto.