El jueves por la noche, una sinagoga de Nueva York organizó una subasta para que los ricos judíos neoyorquinos compraran terrenos robados como la parcela donde se encontraba la casa del señor Hattab. Imagina estar más molesto por lo que gritaban las personas que protestaban en esa subasta que por el hecho de que estuviera ocurriendo desde el principio.