Así que ahí estoy, fregando esta vieja lámpara que encontré en una venta de garaje, y ¡BUM!, un genio sale en una nube de humo de vapeo y pachulí. Me mira, aburrido como el infierno, y dice: "Mira, amigo, tengo un horario apretado. Tienes un deseo. Podría darte vida eterna, un billón de dólares o mujeres infinitas. No parpadeé. Lo miré a los ojos y dije: "Haz que Bitcoin se negocie como la plata." Y luego, me desperté.