Los niños que pueden hablar de dinero con sus padres tienen tres ventajas en el futuro: la primera, no son fácilmente atrapados por el consumismo. La segunda, tienen una comprensión más clara de la relación entre esfuerzo y recompensa. La tercera, pueden establecer un sentido de límites y responsabilidad más temprano. Este tipo de niño no se vuelve muy realista, sino que se vuelve más sereno y más consciente.